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viernes, 10 de agosto de 2012

Epigénesis musical y regulación epigenética

Enviado por Laboratorio Gador  al Dr. Juan Carlo Amatucci Médico y Periodista
“Gador en La Cultura” suma así un nuevo homenaje a las manifestaciones artísticas y se enorgullece en difundir una muestra de la trascendental obra musical de W. A. Mozart, aún desde la vertiginosa realidad que nos ocupa cotidianamente. El arte de la intervención médica, como el de la creación musical, busca permanentemente la armonía y, consecuentemente, una mejor calidad de vida.
Pensar en la influencia de la música desde una perspectiva de la salud, implica centrar nuestra atención en los factores psiconeuroinmunoendocrinológicos y socioculturales que intervienen e influyen en la experiencia musical de las personas, para promover su bienestar.
Numerosos autores y científicos investigaron los efectos que pueden producir las experiencias musicales en el desarrollo cerebral y en el equilibrio neurovegetativo. Varios autores sostienen que ello es posible desde el quinto mes de vida fetal.
En el hábitat materno sólo es posible prestar atención a ciertos sonidos suaves, no estridentes. Esta condición proporciona una delicada regulación y equilibrio entre el feto y su primer medio ambiente. La percepción del sonido es, desde entonces, un aferente sensorial que estará presente toda la vida.
A partir del nacimiento, también se darán experiencias sonoras que incluirán la emisión vocal y el movimiento corporal, enriqueciendo así la vivencia musical del niño. Será una de las primeras formas de relación del ser humano con su medio.
Una maravillosa experiencia musical puede ser compartir con los niños la "Sinfonía de los juguetes", compuesta por Leopold Mozart, padre del genial músico. Desde los cuatro años, W. A. Mozart tuvo la suerte de contar en su casa con quien fue su guía diaria.
Leopold Mozart era un gran violinista y un eximio teórico musical, “compositor de la corte” del Arzobispo de Salzburgo.

La vivencia sonoro-musical se asemeja a las experiencias y a los aprendizajes que regulan nuestra manera de estar en el mundo... nuestra regulación epigenética. La vivencia musical y sonora no es sólo una experiencia auditiva, sino también biológica, física, intelectual, emocional y social. Descubrir el propio universo sonoro es, también, sacar a la luz una dimensión singular de uno mismo que no se pone de manifiesto de otra forma.

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