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jueves, 21 de mayo de 2015

¿Por qué ahora somos muchísimo más alérgicos que antes


Enviado por la Red-SLAAI al Dr. Juan Carlo Amatucci; Médico y Periodista
 
Cantidad de menús especiales en los colegios, en los cumpleaños. Enfermedades de reciente diagnóstico y cada vez más comunes. Hablamos de las alergias y de las intolerancias. ¿Es una moda como algunos creen o es un verdadero problema de salud como defienden los profesionales? ¿Por qué cada vez hay más gente diagnosticada con este tipo de trastornos? ¿Cuáles son las verdaderas causas? 
La doctora Marcela Santaolalla Montoya, jefe de equipo de Alergología del Hospital Universitario Madrid Sanchinarro explica en este artículo cómo lo ven ellos desde su equipo en base a años de experiencia: «La alergia se debe a una respuesta exagerada e inapropiada del sistema inmunitario frente a sustancias que son inocuas para la mayoría de las personas», define la experta. «La prevalencia de las enfermedades alérgicas a nivel mundial es alta y no deja de aumentar. Aproximadamente de un 30 a un 40% de la población se encuentra afectada por alguna de ellas. Se estima que en España una de cada cuatro personas padece algún trastorno alérgico».
En contra de la opinión de mucha gente que desconoce la ciencia médica, no es algo que se haya puesto de moda, muy al contrario «es un problema de salud pública, principalmente en los países desarrollados, y su incidencia aumentará a medio y largo plazo y afecta a todas las edades de la vida, desde la infancia a la senectud, si bien es más prevalente en la infancia y juventud».
¿Por qué somos ahora más alérgicos?
¿Por qué somos ahora más alérgicos? Es difícil dar una sola causa. Para la doctora es importante recordar que «para el desarrollo de enfermedades alérgicas es necesario que concurran varios factores. Por un lado una predisposición genética, y así se han encontrado múltiples genes asociados a enfermedades alérgicas, transmitidos de padres a hijos. Por otro lado un mecanismo epigenético, en el que los distintos factores ambientales pueden actuar provocando modificaciones a lo largo de los años, que afecten a la expresión de los genes, sin variar la secuencia de ADN. Y por último y muy importante, hay que tener en cuenta el efecto directo de los variados factores ambientales que han ido modificándose con el tiempo en nuestro mundo industrializado», reconoce Santaolalla.
«A este respecto, prosigue, es muy importante tener en cuenta la hipótesis de que gracias a la vacunación, la antibioterapia y la mayor higiene en nuestras vidas, todos ellos aspectos muy importantes que han contribuido a la disminución de la morbilidad y mortalidad de la población, el sistema inmunológico ha dejado de combatir con intensidad las infecciones y ha virado hacia una respuesta alergológica, defendiéndose de sustancias aparentemente inocuas, tales como los pólenes, ácaros del polvo o los alimentos», recuerda.

Vivir en la ciudad, peor para la salud

No se puede obviar el hecho de que no puede ser lo mismo vivir en una ciudad como Madrid con un pueblo donde los niveles de contaminación apenas se notan. Para la alergóloga «en las grandes urbes es donde la alergia es más prevalente, la influencia del efecto invernadero. Éste se produce por la contaminación y la suave bajada de temperaturas a lo largo del tiempo y hace posible que aumente la incidencia de sensibilización a pólenes de invierno que hace dos o tres décadas no se observaban, tales como las cupresáceas».
La doctora recuerda que «el aumento del número de vehículos diesel provoca que las partículas diesel que desprenden recubran al polen y lo hagan más alergénico, además de que hace que el aire que respiremos esté más contaminado y sea más irritante». Además, como consecuencia de la contaminación, el polen expresa más proteínas alergénicas llamadas «proteínas de estrés», que se presentan como un mecanismo de defensa y son más alergénicas que las habituales. Un recordatorio para padres y educadores es velar porque los menores no respiren el humo del tabaco ya que «potencia las enfermedades alérgicas respiratorias, en concreto el asma».

Ausencia de lactancia materna

La OMS recomienda dar lactancia en exclusiva leche materna a los bebés y hasta los dos años combinada con otros alimentos. La doctora recuerda que «aunque no ejerce una protección absoluta contra las enfermedades alérgicas, es bien sabido que la leche de la mujer es el alimento específico y más adecuado para el niño los primeros meses de vida». Desde luego la evidencia científica lo demuestra ya que «varios estudios observan una disminución del riesgo de asma en los niños que mantienen lactancia materna al menos hasta los cuatro meses. En el calostro materno se han encontrado factores moduladores para el desarrollo del sistema inmunitario del niño que parecen ayudar a inducir la tolerancia alimentaria».

La industria alimentaria. Aditivos

Del mismo modo que se diagnostican más alergias respiratorias también está aumentando la prevalencia de alergia a alimentos. Cualquier alimento puede comportarse como un alérgeno, algunos de ellos con más frecuencia y ésto va a depender en gran medida de los hábitos alimentarios de cada población y los grupos de edad. La doctora cree que ahora «es más fácil hacerse alérgico a un alimento con capacidad de provocar alergia y que se consuma con elevada frecuencia en un medio concreto, que a otro alimento de menor frecuencia de consumo».
«No podemos olvidar que a menudo los alimentos que comemos en nuestro entorno van acompañados de aditivos, sostiene la experta, y estos se añaden para modificar las características físicas del alimento, su capacidad de conservación, son saborizantes, aromatizantes, antioxidantes y emulsionantes. Muchos de estos aditivos, como los sulfitos, tartrazina o glutamato monosódico, pueden provocar reacciones similares a las reacciones alérgicas por alimentos».

Mejor diagnóstico que hace una década

Lo cierto es que realmente hay más enfermedades alérgicas pero también se diagnostican más y mejor. Al interés de los pacientes por cuidarse y curarse se une la alta especialización sanitaria en nuestro país. A las tradicionales pruebas cutáneas, que siguen siendo de gran sensibilidad, bajo riesgo y de interpretación inmediata, se unen muchos otros medios diagnósticos, algunos de ellos muy novedosos como el diagnóstico molecular.
La alergóloga recuerda que «además del tratamiento sintomático disponemos de distintas, novedosas y eficaces pautas de inmunoterapia». Así mismo señala que «no podemos olvidar el gran avance que han supuesto las desensibilizaciones tanto con alimentos como con medicamentos, entre los que destacan los quimioterápicos para enfermedades oncológicas. La desensibilización consiste en la administración en dosis crecientes del fármaco o alimento implicado para conseguir adquirir la tolerancia al mismo. Esto es muy importante tanto en alergia a alimentos para ayudar a la superación de la misma y evitar reacciones alérgicas de riesgo vital, como en el caso de los medicamentos para poder seguir administrando el fármaco necesario, que muchas veces es imprescindible para una buena evolución de la enfermedad».

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